¡SIMPLEMENTE GRACiAS!

Es difícil salirse un rato de uno y verse ahí. Aquellos que comparten y soportan mi vida diaria de red social plena. Con quejas, posicionamiento ideológico (no partidario por suerte), algo de humor que pretende sacar una sonrisa, aunque a veces mucho sarcasmo pero sobre todo jugando fuerte desde los principios que me inculcaron en mi casa. Son muchos los motivos por los cuales estoy en las redes (algunos más acertados que otros debo admitir). Pero si de algo estoy seguro es que la de marcar un camino donde expongo el amor infinito a mi familia, y mis amigos. Y sanas pretensiones de un mundo más justo y vivible.

Y en ese camino lleno de vicio de comunicación y protagonismo, soy una persona agradecida a todos aquellos que, a pesar de no conocerme personalmente, eligieron quererme y respetarme de ese modo. ¡¡Y a los otros también je!!

Han pasado casi veinte años de que lleve mi persona a otro lugar del país, que me brindó lo mejor. Donde tengo trabajo, lindas y buenas amistades y una vida digna. Pero en particular nunca dejé de caminar las calles de nuestro Santo Tomé. Descalzo, y sintiendo las piedras, el asfalto o la arena caliente, como cuando era gurí haciendo un mandado cerca de la casa de mis viejos. Ese contacto físico con la tierra una vez cada doce meses suaviza el desarraigo, devuelve la memoria y me ubica  donde debo estar.

Recibir la retroalimentación del vínculo que la radio permite, me hace hablar como allá, me da un amarre permanente. El agradecimiento de algunos que escuchan todas las veces, y te lo dicen, representa el de muchos.

Sabemos que todos los domingos vivimos un poco más en uno, y en otros. La huella del reconocimiento se profundiza. Ruego a Dios que mis hijos sepan entender un poco del amor recibido. Y que esa herencia cariñosa llena de generosidad los acompañe en sus vidas y lo puedan disfrutar cuando uno ya no esté. Porque la eternidad y el reconocimiento perpetuo de la gente, es una construcción del tiempo compartido nada más.

Los mercaderes del mundo financiero y las grandes bolsas de valores siguen buscando como pueden hacer cotizar  al amor incondicional, la solidaridad manifiesta y la amistad inmortal entre los humanos. Hasta ahora el dinero y los lujos materiales siguen de rodillas ante esos sentimientos, y solo cubren a duras penas necesidades básicas de supervivencia. Por suerte muchos ya nos dimos cuenta que la felicidad no está en el almacén de la esquina, ni en el gigante shopping de necesidades inventadas.

Y en el momento más embromado y complicado del mal que aqueja al mundo, que arrebató la buena poca salud que ya quedaba, hay que ir buscándose un poco con lo que cada uno tiene, para curar, y curarse las heridas que todo esto va dejando.

Solo tuvo que aparecer la daga siniestra de la muerte entre nosotros para que nos demos cuenta de que lo único que tenemos que defender es la vida más allá del viaje soñado, el automóvil, del político, del reloj, o de lo que más sea que nos guste.

Esa infinidad de cosas encierran desvalores, que nos cubren los ojos ante lo hermoso que está al lado de cada uno de nosotros. Los seres queridos.

Entre tantas cosas los domingos al mediodía se da en un fenómeno casi natural lleno de sencillo costumbrismo que llena el alma. Donde cada persona estando en el lugar que le agarre el tiempo, enciende la radio, busca en el celular o en la computadora para escuchar unos chamamecitos domingueros, un helicóptero imaginario, que sobrevuela por parrillas, fogones, ollas, mesas y sobremesas, el brindis por la salud, la unión y cuantos motivos más, ese alguien que tenga algo para decir desde algún lugar, y algún sapucay con el pecho apretado de nostalgia que llega a través del teléfono.

Los escuchadores, o mejor dicho los oyentes, son parte necesaria para que la comunicación cierre el círculo de la retroalimentación. Y a partir de ahí comienza como una película de tres horas con los mejores actores del momento y la mejor música escuchada allá ité (lejos en el tiempo) y la que se escucha ahora. Eso ya es suficiente para que en ese instante la vida sea «VIDA VIVÍDA» (valga la redundancia), y valga más de lo que dicen las palabras. Y supere el momento relativamente corto en el tiempo de andar de paso por este mundo.

De ahí en más uno busca todas las formas de agradecer ese reconocimiento afectuoso y cálido que llegan de distintos lugares.

Cuando se acerca el final del viaje, el conductor de La Patria Guaraní trata de encontrar algo mejor para decir. Ya augura un próximo encuentro. Y sólo expresa siete letras que tratan de decir lo que mejor le sale del corazón…

¡¡¡GRACIAS!!!

Vale destacar que todo se sostiene con el acompañamiento incondicional de la familia Vicky, Juani y Ayrton que soportan mis caprichos y desvaríos. Un grupo de personas, que incluye a los soportes técnicos incondicionales Matías y Gabriel, las radios que retransmiten. Ustedes los oyentes escuchadores. Y mis mejores sponsors. Mis viejos Tolo y Pelusa.