¿Cómo andas chamigo?
“En plena cocinada en los preparativos para mañana” Comienza la charla Evaristo Rotela.
En la esquina de 9 de julio Rivadavia de Santo Tomé Corrientes, hace seis años iniciaba una idea con esas pretensiones sanas “del compartir”. En esa cuadra funciona una comunidad de vecinos laburantes con un vínculo muy particular. Porque ahí cerca funciona el taller de chapa y pintura de Juan Ferreira, que está al lado de la casa de Cacho Rotela conocido como “Cacho Turbina”. Un flaco que trabaja la madera en forma espectacular con trabajos de muy buena calidad realmente. Cacho también hace tatuajes y fue uno de los pioneros en el pueblo cuando los jóvenes comenzaron a hacerse los que vulgarmente se llaman “escrache”. Y es primo de Evaristo Rotela, que es de profesión herrero y soldador.

Todos ellos conviven en esa cuadra junto a los hermanos Toledo y otras familias, conformando una FAMILIA BARRIAL, cruzándose favores, chistes y una que otras discusiones, como cualquier familia. A los que se suman las distintas amistades que cada uno tiene en forma personal. Esto hace que entre ellos compartan sus grupos de amistad con un asado que se lleva adelante los días miércoles, si mal no recuerdo. Donde se suman gurisadas (léase niños o jóvenes) de otros barrios (todos ya pasaron cómodamente los cuarenta, y siguen siendo gurisadas).
Y como le decía que son casi familia entre sí. Que un día hace seis años decidieron poner un poco de ingredientes cada uno y armaron unas cuarenta porciones de locro para compartir con sus familias. Nos contaba Evaristo Rotela que se crio en la cuadra, yendo al taller de herrería de su padre, y hoy en día es el propietario de tal emprendimiento.

Rotela es uno de los creadores de la idea, nos cuenta que eso que fue algo familiar para celebrar el Día del Trabajador el primero de mayo, y consistía en invitar una comida a sus respectivas familias. Y llegó un momento que se fue mutando a un LOCRO COMUNITARIO para la gente del barrio, a quienes les entregan porciones a todos aquellos que por ahí no tienen los medios económicos de adquirir esa exquisita comida popular. Poco a poco lograron dar con algunos de los cocineros de tal especialidad con experiencia, dado que Germán Galván, Coco Portillo y Enrique Lavalle son personas que siempre se manejaron en esos menesteres culinarios. “Están los mejores locreros de Santo Tomé acá” resalta.
Esta actividad tuvo un crecimiento tal, que hoy llegaron a los ciento cincuenta litros de comida para repartir todos los días del trabajador. También vale aclarar que los asiduos concurrentes a los asados semanales en el taller de Evaristo, son las manos que ayudan en todo el proceso de la elaboración de la tradicional comida.

Nuestro entrevistado manifiesta que la organización del Locro Comunitario del Día del Trabajador se volvió tan tradicional, que cuando faltan pocas semanas para el primero de mayo, muchos se ponen contacto avisando que cuenten con la colaboración (gente del pueblo, comerciantes, entre otros). Siendo uno de los referentes Juan Ferreira, una persona muy querida en Santo Tomé. (nos cuenta el entrevistado) Y también los colaboradores ya comienzan a tomar su respectivo lugar de responsabilidades.

Ellos dicen que la comida se hace como si fuera para consumo personal, sale con todos los ingredientes, y sobre todo con mucho amor y dedicación. Para aquel que se lleve ese plato a la mesa sepa que está saboreando algo de buena calidad. “No le mezquinamos nada”, dice Evaristo.
La elaboración comienza un día antes a las tres de la tarde en lo de Juan Ferreira, donde se troza todo lo que lleva el locro y se hace una precocción. Y el primero de mayo, desde las cinco de la mañana, arranca el fuego a leña que va a cocinar ese manjar. Y antes de las seis y media, ya se encuentran todos los cocineros y colaboradores. También, aclara que en este tiempo de pandemia toman todos los recaudos sanitarios como uso de barbijo y alcohol en gel. Para cuidarse entre sí, como así también a los que concurren con sus respectivas ollitas.

El grupo siempre tiene como meta mejorar todo lo que se va haciendo, para que la gente siga disfrutando de lo que se hace. Y cada año son más los colaboradores. Resaltan mucho el gesto de gratitud que muestran las personas que concurren a buscar con sus recipientes. Ellos viven ese momento de la entrega con una satisfacción enorme, como algo sublime para su corazón, y se emocionan, viéndose entregar algo tan rico y simbólico como un plato de comida.
Después de entregar la tradicional comida, los participantes del Locro Comunitario, se reservan unas porciones, y comparten en comunidad ese momento de descanso y sobremesa, degustando un vino, una cerveza o un jugo, con desafíos en unos partidos de truco. Hasta que cada uno comienza a volver a sus respectivos hogares.
Para finalizar, Rotela nos manifiesta que él cree que este tipo de actividades ayudan a generar un mundo mejor para vivir. Confía en que la sociedad santotomeña es gente muy solidaria, que los negativos existen siempre, pero por suerte son los menos. Yo estoy convencido de que la gente está un poco retraída. Pero cuando ven este tipo de acciones siempre colabora con los que menos tienen. Hoy comer un locro conlleva un costo alto. Antes era más barato o se conseguían las cosas de otra manera. Hoy está muy difícil todo. A pesar de todo eso, él y todo el grupo que lo acompaña creen en una realidad mejorada para el futuro, alejada de todo egoísmo.
«La verdad que vale la pena seguir haciéndolo» Dice para terminar la nota.
