Cuando el domingo buscaba el regazo de la noche para descansar. Una noche previa a otro Aniversario del paso a la inmortalidad del padre de la Patria José de San Martín. De repente las cordionas, bandoneones y guitarras se fueron acurrucando en un rincón de sus lugares enmudeciendo sus notas, tributando el minuto de silencio que necesita el alma del cura chamamecero para despegar el vuelo a la maraney (Tierra sin males-Paraíso).
Julián Gerónimo Zini, nuestro cura fue tan organizado generoso en su vida de hombre, sacerdote, poeta, historiador y Chamigo que eligió una tardecita de domingo PARA PARTIR. Él esperó que vuelvas de la plaza del día del niño con tus hijos, para él emprender su viaje.
Hablar del Paí Julián requiere de muchas páginas y párrafos. Porque su peregrinar en cada escenario, patio o casa donde estuvo, dejó una historia en esos 81 generosos años que caminó junto a nosotros. Él decidió ser cura, y desde ahí nos trajo lo más profundo de su ser. Las palabras más sencillas brotadas del corazón. Para entender lo esencial de nuestra vida criolla llena de fe y chamamé.
Julián entendió que el poema juglaresco de sus palabras debían ser un regalo al alma de cada momento que, nosotros los hombres, transitamos en nuestras vidas, para estar mejor y cuidar la naturaleza.
Y fueron tantos sus versos que nos intima todo el tiempo a no nombrar cien, y terminar pecando en el olvido de dejar miles sin mencionar.
En mi vida personal llega a mi corazón adolescente, con un avío del alma, con un compadre que tiene el vino, que se llenó de pimpollo y confesión.
La primera vez ante él, con grabador en mano, me regaló más de media hora de nota- enseñanza, antes de subirse al escenario improvisado en la Escuela 611 del Barrio San Martín de Santo Tomé Corrientes. Esa noche me fui a mi casa con la sensación de haber hecho mi mejor reportaje del chamamé, con un referente clave del género. Sin embargo, cuando pasaron los años, un día revolviendo viejas grabaciones me puse a escuchar la vieja cinta de ese día. Y me di cuenta que esa nota estaba llena de paciencia y pasión generosa desprendida por parte del Cura, que solo me contestó con clase y calidad muchas preguntas mías que obedecían a un total desconocimiento. Sin embargo, él se encargó en todo momento de enseñarme sin regañarme algunos desatinos de mi ignorancia. Eso también realzó la imagen del Paí en mi vida chamamecera. Julián siempre creyó en el arandú (Sabiduría Popular. El vincular fenómenos o comportamientos de animales o la naturaleza con lo que va a pasar o va a venir. Por ejemplo: si sopla el viento norte… Seguro que el tiempo se está por venir.) Contenidos que en algún momento deberán llegar a las escuelas para que aprendan nuestra gurisada (nuestros niños).
Años después llega a la Plaza Colón, a un Festival del Folklore Correntino que no contaba con muchos recursos económicos y donde sobresalía la presencia del Grupo Neike Chamigo en el escenario, con Julián Zini a la cabeza de esa agrupación.
Esa noche en una muestra de generosidad que siempre manifesté a las personas de los locutores Ramón Fernández y Juan Adolfo Montiel. Ellos me permitieron presentarlo al Cura chamamecero. Y demás está decirlo que la emoción le ganó a la técnica, y solo pude soltar el alarido de presentarlo de la mejor manera que creo me salió. Y desde ese momento, él siempre tuvo una referencia a mi persona mencionándome por mi apodo en encuentros posteriores. Gesto que para mí fue un regalo hermoso que guardo con cariño en mi corazón.
En esta vida de andar difundiendo, hablando, generando ideas y enalteciendo al chamamé. Generó un marco de referencia en mi persona en el ambiente de nuestra música, y Mucha gente me preguntaba sobre su estado de salud. Eso me llevó a contactarme en este último tiempo con su círculo más íntimo para saber cómo estaba. Es así que tuve la posibilidad, gracias a la complicidad de otras personas (a quienes agradezco infinitamente) de hacerle uno lindos regalos que llegaron a sus manos, y le alegraron su corazón cansado de tanto luchar con esa perversa enfermedad.
Éste dieciséis de agosto marca una bisagra de nuestra vida chamamecera. El Hombre que nos llenó de palabras, y nos daba la comodidad de esperar lo que hacía “su Pluma” emprendió el vuelo. Julián Zini nos generó la comodidad de que él sabía cómo decir las cosas que nosotros sentimos en el chamamé.
A partir de hoy él nos deja un Legado gigante que tendremos que ser lo suficientemente inteligentes y comprometidos para llevar adelante los conductores, músicos, poetas y amantes del chamamé, no solo repitiendo, sino que también haciendo. Y al contrario de lo que creemos, él solo dejó morir su cuerpo, para poder nacer un poco en cada uno de nosotros, que vivimos con pasión nuestra forma de ser esto que somos: chamameceros.
Él, ya está en el mejor lugar que siempre dijo que existe, junto a sus amigos de musiqueadas, rodeado de Los Ramones. Pero su vida entera fue siempre preparándonos a todos para este momento sin adiós.
¡Julián! Nosotros vamos a seguir repitiendo tus palabras para que el mundo conozca nuestra esencia desde tiempos ancestrales.
Los títulos de los diarios y los noticieros van a mostrar con letras grandes: MURIO EL PADRE JULIAN ZINI.
Pero para nosotros, que sabemos de LAS FLORES DEL ALMA, DEL “CHAMAMECERO”, DE “RAMONA ROSA VALLEJOS”, “LA CRUZ DE LA POBREZA”, DEL “CANTO AGRADECIDO”, A ORILLAS DE TU SILENCIO, DE LA “MEMORIA DE LA SANGRE” y de TANTAS COSAS MÁS; solo serán palabras banales que solo llenan un espacio de las noticias.
Es cierto que, de algún modo, muchas veces nos sentiremos un poco huérfanos, y la tristeza querrá atrapar nuestro corazón.
Él, en cada verso, en cada palabra decidió dejar una huella profunda, para que en ella caminemos.
¡Y AHÍ SÍ!
Buscaremos la mejor caída del sol mirando ese horizonte rojizo. Nos llenaremos el pecho de SAPUKAY, y de “ATARDECER DE AUSENCIA”. Apretaremos bien fuerte el puño levantado, y gritaremos para nuestros adentros:
¡PAÍ JULIAN ZINI!!! NEIKE CHAMIGO!
Ignacio Araujo