… pero si reconozco haber conocido a un tipo sencillo, con un corazón inmenso. Y mucho más coherente que muchos que los veo transitar las calles del pueblo hasta ahora. Cuando uno se sentaba a hablar enserio con el Ángel, uno se encontraba con alguien que conocía bien nuestro pueblo, y era bien solidario.
Por eso trato de recordarlo siempre con una sonrisa. Y cuando puedo me acerco a su familia, y les brindo un afectuoso y respetuoso saludo. Que es una manera de sentirlo vivo como él se merece.

Hace unos años, el loco Piolín, entre todas sus travesuras, nos hizo la última joda, y nos dejó su ausencia sin su carcajada y sus gritos en las calles, y en los asados.
Y somos muchos, los que todavía lo extrañamos.